“Antes de que las Queens aprendieran a leer el océano, hubo hombres que dedicaron toda una vida a escucharlo.”
Capitanes y marineros que crecieron viendo partir embarcaciones desde la marina, aprendiendo de sus padres y abuelos que el mar no se conquista; se respeta. Su conocimiento no proviene únicamente de cartas de navegación ni de equipos de última generación. Proviene de décadas de observación de las corrientes, el viento, las mareas, las aves y el comportamiento de las especies, lo que ha convertido a Cabo San Lucas en uno de los destinos de pesca deportiva más reconocidos del mundo.

Ese conocimiento, transmitido de generación en generación, es uno de los patrimonios más valiosos de Cabo San Lucas. Y durante la primera edición de Cabo Queens, se compartió con 220 mujeres que aceptaron el reto de salir al mar. Cada una de las 55 embarcaciones estuvo acompañada por un capitán y un marinero.
Detrás de cada salida hubo horas de preparación. La revisión de motores. La carga de combustible. El hielo. La carnada. Los equipos de seguridad. Los aparejos. Y la experiencia necesaria para que cada participante pudiera vivir el océano con confianza.
Muchos de aquellos capitanes navegaban junto a mujeres que sostenían por primera vez una caña de pescar. Otros acompañaban a competidoras con años de experiencia. Para todos, el compromiso era el mismo: compartir su conocimiento, cuidar de su tripulación y hacer que aquella jornada fuera tan segura como inolvidable.
Mucho antes de que existiera Cabo Queens, las aguas de Cabo San Lucas ya guardaban miles de historias. Historias de amaneceres en altamar. De jornadas interminables. De grandes capturas. Y de hombres que hicieron del océano su forma de vida.

Durante horas fueron mucho más que quienes llevaban el timón. Fueron maestros, consejeros, compañeros de aventura. Celebraron las capturas. Animaron cuando el pez no apareció. Explicaron cómo leer una corriente, interpretar el vuelo de las aves o entender el movimiento del mar. Y recordaron, con el ejemplo, que la grandeza de la pesca deportiva no se mide únicamente por el tamaño de un pez, sino también por el respeto al océano.
Gracias a ellos, muchas participantes descubrieron que la pesca deportiva es mucho más que una competencia: es paciencia, estrategia, trabajo en equipo, confianza y una profunda conexión con la naturaleza. Pero también es una actividad que sostiene a cientos de familias de Cabo San Lucas.

La participación de 55 embarcaciones en Cabo Queens representó una importante derrama económica para la comunidad ligada a la pesca deportiva. Solo la contratación de las embarcaciones significó una inversión aproximada de 1.1 millones de pesos, a lo que se suman los ingresos generados para 55 capitanes, 55 marineros, proveedores de combustible, hielo, carnada, mantenimiento, marinas, transporte y numerosos servicios que forman parte de la cadena productiva de esta industria.
Cada torneo fortalece una actividad económica que ha dado identidad a Cabo San Lucas durante generaciones. Y demuestra que el turismo deportivo también puede convertirse en una herramienta para impulsar el bienestar de la comunidad.
Cuando las embarcaciones regresaron al muelle aquella tarde, las fotografías mostraban sonrisas, abrazos y trofeos. Pero detrás de cada una de esas imágenes había una historia que pocas veces se cuenta. La de quienes conocen estas aguas como la palma de su mano. La de quienes han dedicado su vida a navegar. La de quienes compartieron su experiencia con una nueva generación de mujeres pescadoras.

Ellos también hicieron posible Cabo Queens. Porque detrás de cada gran torneo hay grandes competidoras, pero también hay hombres que han dedicado su vida a preservar la tradición pesquera de Cabo San Lucas. Y gracias a ellos, hoy una nueva generación también comienza a formar parte de esa historia.
“A los 55 capitanes y 55 marineros que compartieron con las Queens su experiencia, paciencia y amor por el mar. Esta primera edición también lleva su nombre.”


